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Se borran los antiguos materiales de la Comarca
Las nuevas construcciones de La Cepeda
por Isidro Martínez
La Cepeda, un estrecho y largo valle que recorre el río Tuerto desde antes del embalse de Villameca, se proyecta como un campo de experimentación de la nueva arquitectura rural.
Quizá en pocos lugares como en esta comarca astorgana es visible el contraste enorme entre las construcciones tradicionales y el diseño, algunos piensan que innovador y otros que sólo funcional, de las nuevas casas unifamiliares.
Para darse estos cambios y paradojas, en la Cepeda se reunen algunas gentes que residen fuera y vuelven a sus pueblos con fondos para construirse su casa de fin de semana. La arquitectura tradicional no tuvo fuerza suficiente para oponerse a las nuevas maneras, porque no tenía estrictamente especiales valores, y los tiempos se han ido llevando costumbres y materiales.
Por otro lado parece que no en todos los casos un técnico cualificado supervisa y crea el proyecto y "lo que me da la gana" en ocasiones también se convierte en muros y ventanas nuevas.
Cambio acelerado
En la dos últimas décadas el cambio arquitectónico se ha acelerado en la Cepeda, y las nuevas edificaciones marcan el entorno y el paisaje.
Un fenómeno que no sólo se circunscribe a los pueblos más cercanos a Astorga, como pudieran ser Carneros, Sopeña e incluso La Carrera, sino que el cambio, profundo y espectacular, afecta a toda la comarca, incluídos Villamejil, Sueros o Castrillos de Cepeda en donde se ha levantado una espectacular mansión, no tanto por sus materiales o alturas, como por la extensión en metros el edificio.
Revalorización
La nueva arquitectura, que no significa que sea toda buena, tiene una consecuencia positiva: se realzan las buenas construcciones tradicionales de estos pueblos: ante el ladrillo visto, el aluminio y los hierros lacados; ante las verjas de forja y los jardines con césped estilo inglés, se pueden ver casas de barro y piedra, de ladrillo y gusto.
En la Cepeda, en donde la construcción no está segmentada en ca-lles, sino que surge un poco a voleo, los "unifamiliares" crecen en progresión geométrica, con una variedad de colores, de líneas y de gusto que casi marea.
El campo de experimentación parece casi infinito, y sólo cabe pedir, humildemente, que los profesionales se esfuercen en la originalidad, aquí que pueden (cuando los dejan).
¿Quién sabe si dentro de unos años no podremos traer gentes para ver una nueva arquitectura rural, moderna y funcional? (Que para otros no tiene ningún gusto estético).
Ejemplos
Lejos las bromas, presentamos algunos modelos o ejemplos de las nuevas y viejas construcciones cepedanas. Ha sido el azar el factor de elección, y la realidad se encuentra en toda la comarca.
Una primera casa de arquitectura tradicional que encontramos en Sopeña.
Preciosa en su simplicidad. Al lado del río Tuerto, muy cerca del puente, en su tiempo fue tienda y aún ahora vende tabaco. Tiene aperchado en su fachada el buzón de Correos, y no le faltan las columnas, de revoque y ladrillo macizo para pegar carteles.
Chimeneas estrechas, bajas y cubiertas con teja del país. En menor altura, y también con fachada a la carretera, una balconera que se enmarca con parras y enredaderas.
En La Carrera la casa nos muestra dos aspectos de la arquitectura popular. La casa de barro y piedra, al lado de la iglesia, con ventanas pequeñas e incluso con tejado de losetas, y al lado una construcción más moderna, años cincuenta tal vez, con ladrillo y reformada posteriormente.
Añadidos de aluminio en la puerta, de ladrillo visto y de fachada recubierta con piedra.
La construcción que sobresale, en la calle de al lado, refleja con más nitidez la tradición del barro y la piedra, y en primer plano la transición de elementos.
Y finalmente una maravilla que se puede ver en Carneros, rehabilitada, renovada, con molino en la zague.
Aunque algunos elementos son modernos y no cercanos a la arquitectura más tradicional, el conjunto es llamativo y de impacto. Tejados tradicionales, varias alturas, líneas rotundas y una amplia casa al modo antiguo, aunque los elementos nuevos no vayan en la misma dirección. Sin embargo, se nota el esfuerzo de recuperación que dignifica a todo conjunto.
Y lo más nuevo
Al lado, en pleno campo para permitir la adherencia de los jardines, dos ejemplos típicos de la nueva arquitectura rural.
Ya no está ligada a la tierra, a cada comarca, y los elementos son universales. Funcionales.
Las nuevas "unifamiliares" son cómodas, acogedoras y amplias. Pero ya no son "cepedanas", y se encuentran en cualquier lugar del mundo. No entroncan con la raíz. En las verjas, el hierro, y en cubiertas, la pizarra o la teja moderna. Ladrillo visto, mucho alumino, huecos y semicírculos, con muchas persianas.
No se trata de descalificar una arquitectura en favor de la tradicional, simplemente anotar que las cosas están cambiando, y que la uniformidad se impone en materiales, y usos, que no en las líneas.
Porque si algo tiene de sorprendente esta nueva construcción rural es el eclectismo en las formas, en las líneas. Aquí es posible la experimentación. Existe libertad total en el diseño, de ahí que cada casa sea distinta, un mundo aparte y no sólo en concepción sino incluso en materiales.
La diversidad, en estos casos, es positiva, como contrapunto a los rosales y a los árboles de la variedad ciprés y similares.
Isidro Martínez
Publicado en El Faro Astorgano en 1.996
Las nuevas casas "de diseño" en La Cepeda
El paseo por la Cepeda, por su arquitectura, no deja de ser una nueva muestra de tributo a una tierra que se ha puesto este año de moda. Libros y artículos. Congresos y encuentros han valorizado esta comarca astorgana, que riega al Tuerto y se mira en sus colinas. La arquitectura tradicional y actual de la Cepeda nos lleva a La Carrera.
Tierra, cantos rodados y algunas piedras cortadas. Ventanas de madera con enrejado de hierro, puertas de entrada de madera tosca, y una planta baja.
Revoques, y retoques del paso del tiempo, y poca luz para el interior. Una chimenea corta y maciza, y una forma de entender la vida, cuando la economía rozaba la subsistencia.
Que no trascienda en el presente esta arquitectura es positivo, porque no fue ejemplo de paisaje o de raíces, sino simplemente de tener que vivir con lo que había.
Viejas casas
Pero aquí está, espejo de un pasado reciente, y contrapuesta (muchos aún dirán que con ventaja) con esos nuevos postes, infumables, de los tendidos eléctricos que han acabado con las formas y las líneas del mundo rural, o con las construcciones modernas, de uralita y de aluminio de la calle siguiente.
Las deficiencias y falta de funcionalidad son demostrables, pero la vieja casa parece ofrecer seguridad y solidez, aunque ahora ya sea sólo un ejemplo de una forma de vivir obligada y limitada.
El final de estos ejemplos, no buscados y que no se agotan ni mucho menos en estas imágenes (seguro que se pueden relacionar y catalogar varios cientos de casas tradicionales de gran mérito arquitectónico (pero nosotros sólo hemos intentado una aproximación al tema por contraste, no por investigación profunda) nos lleva a un rincón cepedano poblado de cables y postes, pero en el que la vista se queda con estos rincones.
En ocasiones canigüelas, que facilitaban la conversación y el estar al sol. Parras para la sombra del verano, ventanas asimétricas, plantas bajas y cubiertas con tejas del país.
En la imagen se puede experimentar con un compendio de características de la arquitectura tradicional en la Cepeda, aunque el paso de los tiempos haya llevado añadidos, revoques, aluminios y puertas de latón o hierro.
Pero aún son visibles las ventas estrechas, rectangulares, el balcón central más grande, o los enrejados de los huecos. Las puertas de madera y las chimeneas de ladrillo y tubo.
El contraste es nítido y claro: aluminio contra madera, puertas de acceso principal con portón de latón para el tractor. La parra y la chimenea... Es el mundo que se pierde.
Más diseño, es la guerra
En el otro lado muestra de nuevos materiales. La casa, con jardín y fincas de regadío. Los chopos detrás y las líneas rectas, llenas de luz, o la torre en el lateral.
La verja y el aislamiento. La funcionalidad y el individualismo.
Ya no hay calles, ni rincones, no hay parras... porque el vecino ya no está al lado, ni falta que hace.
Arquitectura casi sin alma con líneas y materiales nuevos, uniformes y sin lugar para la sorpresa, no deja de ser un resultado, una mezcla de la filosofía de vivir.
Ya no importa tanto la gente, como el lugar. Ya no hace falta el vecino al lado, sino la comodidad, la soledad o la tranquilidad, según se quiera.
Las casas necesitan amplitud, más luz, y más espacio para el jardín.
Pero no calles. Ya no se vive hacia fuera, hacia las gentes del pueblo, sino hacia adentro. Las flores están en el interior, como todo lo que se necesita para vivir. Incluso campo para el ocio.
El final, a parte la pintada contra la Junta, nos llega de la mano de la Administración pública. La parada del autobús es un compendio de todo lo que hemos intentado transmitir.
Las raíces ya no están, ya no son, y esta marquesina es de Sopeña, pero podía estar en Arévalo. Y si le quitamos el logotipo serviría par Moissac.
Es el presente de bloques de hormigón en serie, postes de hierro forjado, y el diseño en los colores del cartel. Es el estar, antes que el ser, y por ello el "patrocinador" que pagó la "parada" del "coche de línea", la Junta. Cristal, postes de la luz y cubo de la basura. Elementos tradicionales de nuevos tiempos.
En el fondo la arquitectura tradicional, dominada por el diseño, aunque no sea el más adecuado. Pero así somos, en el 96, nosotros.
Isidro Martínez
Publicado en El Faro Astorgano en 1.996